SECURITY ON SITE
EL PERRO 2003


Manuel Delgado en su ensayo "El animal público" hablaba de la necesidad de controlar desde el poder al ciudadano, ya que "nadie sabe lo que puede un cuerpo". Al mismo tiempo constataba que la progresión de la vigilancia revelaba su propia incapacidad de establecer un control eficaz y fiable de cualquier individuo, ya que éste, en el espacio público, es pura potencia.
Los últimos acontecimientos en los que nos hemos visto envueltos, se
han traducido en un considerable aumento en la demanda de personal de seguridad
privada por parte de centros comerciales y de ocio, centros de transporte
y de comunicaciones, grandes multinacionales, hoteles y, en general, por parte
de grandes espacios públicos. Un aumento cifrado por APROSER -asociación
que reúne a las principales empresas del sector- en un 15% y frente
al que las compañías de seguridad apenas tienen capacidad de
respuesta. Los acontecimientos no han hecho sino agravar la situación
de escasez de personal que está sufriendo el sector de la seguridad
y de la vigilancia privada en nuestro país.
Una falta de recursos humanos estimada entre 15.000 y 17.000 puestos de trabajo
de vigilancia, lo que, en muchos casos, impide hacer frente a la demanda de
servicios y obliga a recurrir a las horas extras, con el consiguiente encarecimiento
de precios. La rigidez del sistema de selección del Ministerio del
Interior es uno de los principales motivos que explican esta circunstancia.
En primer lugar, la Ley de Seguridad Privada sólo permite trabajar
en este sector a los ciudadanos que tienen nacionalidad española o
de la UE, con lo que la inmigración como fuente de mano de obra queda
expresamente descartada.
Otro de los motivos también señalado por el sector como principal
responsable de la escasa atracción de profesionales se refiere a los
tiempos y plazos que transcurren desde la selección de un candidato
hasta su habilitación profesional. Jesús Posadas, consejero
delegado de Securitas, afirma que el intervalo desde que se selecciona a un
candidato hasta que éste puede comenzar a desempeñar su trabajo
es de aproximadamente 19 semanas y media.
«La consecución de la Tarjeta de Identificación Profesional
que habilita para ejercer las funciones que la Ley de Seguridad Privada contempla,
es un proceso que puede llevar de tres a cinco meses. Es un trámite
demasiado lento, costoso y complicado», explica Javier Mirallas, presidente
de la empresa CESS, que también señala el escaso reconocimiento
social de la figura del vigilante como otro de los motivos a tener en cuenta
para explicar las dificultades a la hora de atraer nuevos profesionales al
sector.
Las nuevas amenazas a la seguridad global no ha variado ni los perfiles ni
los procesos de selección que hasta ahora venían realizado estas
empresas. «Nuestros técnicos en planificación trabajan
más analizando vulnerabilidades en determinados clientes, pero no hay
un cambio sustancial en este sentido», explica Javier Mirallas.
No obstante, Javier Rodríguez Baquero, director de Eulen, considera
que el sector«tiene que adaptarse a las nuevas necesidades que la sociedad
nos vaya requiriendo, por lo que es muy importante la especialización,
así como la inversión en I+D+I para actualizar procedimientos,
técnicas, etc... a las nuevas condiciones del entorno».
Compaginar la vigilancia estática con sistemas que introduzcan las
últimas aplicaciones tecnológicas es, en opinión de Alfonso
Tomás, presidente de Aproser, el principal reto del sector. «De
momento, trataremos de que el nuevo Gobierno entienda la situación
de estas empresas y flexibilice la entrada de nuevos profesionales -afirma-.
De cualquier manera, esperamos que este notable aumento en la demanda de nuestros
servicios se estabilice a corto plazo».
En este contexto de expansión del sector se presenta Security On Site,
un proyecto dedicado a la solución creativa de los problemas que afectan
a las empresas de seguridad.


