AMUNITION DELI
EL PERRO 2004

VIOLENCIA-FICCION. DANIEL
VILLEGAS
Resulta paradójica la
naturaleza de la violencia en el ámbito occidental contemporáneo. Mientras
el nivel de riesgo ante cualquier tipo de eventualidad ha decrecido exponencialmente,
una sensación obsesiva, incluso histérica, de inseguridad invade a la ciudadanía
en relación con la violencia física.
¿Cuál es
el origen de esta violencia o más bien quién la ejerce? Sostenía
Weber que el estado se mantiene mediante el ejercicio del monopolio de la
violencia legítima, siendo ésta el elemento fundacional de cualquier
estado según señaló Trotsky en Brest-Litovski en 1918.
Sin embargo, y pese a que esta situación descrita a principios del
siglo pasado sigue vigente en la actualidad, el temor generalizado a la violencia
no se refiere directamente a la generada por el estado liberal en la práctica
del poder, más bien se trata de una construcción narrativa que
legitima y oculta a la primera.
En este sentido, es posible
encuadrar en el mecanismo descrito los sucesos en relación con la cumbre del
G8 en Génova en 2001. En este caso como en muchos otros, recientemente en
Madrid en relación con los incidentes violentos en una manifestación contra
la guerra en Irak, se construye, por parte de los administradores de la violencia
legitima, previo al acontecimiento un estado psicológico de amenaza situando
al colectivo, o al menos a una fracción del mismo, en la orbita de la violencia
ilegal, criminal e indiscriminada. Se trata pues, de un mecanismo conducente
a la desautorización de los argumentos en los que se fundan las protestas
contra la hegemonía de la violencia sostenida por los estados y grupos de
poder, salvaguardando así de la visibilidad total la naturaleza de este monopolio
que será únicamente mostrado en la versión más tosca y superficial de la carga
policial como violencia legitima contrapuesta a la ilegal, la de los manifestantes,
inserta dentro de la ficción basada en una narración de los hechos hipertrofiada
de la que se infiere la amenaza que los ciudadanos han de temer.
Frecuentemente, se ha
relacionado la violencia ilegal de la ciudadanía con el totalitarismo como
subterfugio tal y como indica Slavoj Zizek: "A lo largo de toda su trayectoria,
el "totalitarismo" ha sido una noción ideológica que ha apuntado la compleja
operación de "inhibir los radicales libres", de garantizar la hegemonía demoliberal;
ha permitido descalificar la crítica de izquierda a la democracia liberal
como el revés, el "gemelo" de las dictaduras fascistas de derechas (...) en
lugar de permitirnos pensar, y obligarnos a adquirir una nueva visión de la
realidad histórica que describe, nos descarga del deber de pensar e incluso
nos impide activamente que pensemos(1)"
La construcción de un sofisticado dispositivo narrativo en relación con la
violencia que emana de una amenaza cuya forma varía según las necesidades
de ocultación o visibilidad del monopolio de la violencia no es nuevo (2),
sin embargo en el contexto demoliberal occidental actual la sensación de riesgo
y la percepción de la violencia tienen su origen en ficciones fundadas en
la percepción mediada de la cual es elemento esencial la imagen televisada.
Es la ficción televisiva la que establece los parámetros de la obsesión contemporánea
en relación con la violencia que aparece fantasmagóricamente como amenaza
al confort de la vida cotidiana en los países occidentales. Esta sustitución
referencial sólo es posible gracias al contexto contemporáneo del "todo ficcional"
analizado por Marc Augé que sitúa a la televisión como elemento clave de este
mecanismo debido a su presencia en la intimidad cotidiana capaz de marcar
el ritmo de la vida diaria y fundamentalmente por su capacidad de "ficcionalización"
total igualando acontecimientos de distinta naturaleza en un continuo e insidioso
torrente de imágenes donde <<... ya no es la ficción la que imita a la realidad,
sino que es lo real lo que reproduce la ficción(3)>>
Precisamente,
son las ficciones emanadas de las de televisión las que conforman nuestro
imaginario acerca de la violencia en un contexto de igualación (todo ficcional)
de las series y películas con otro tipo de informaciones extraídas de sucesos
mostradas por telediarios y otros programas con vocación documental o pseudo
documental. La obsesión contemporánea por la seguridad tiene en gran parte
su principio en la violencia ficcional televisada que oculta de manera muy
efectiva el monopolio de la violencia que sostienen estados y corporaciones
mostrándose ésta desmaterializada(4) .
Paradójicamente
el efecto de la superabundancia de imágenes violentas, convertidas en un producto
de consumo más, no crea un perfil de ciudadano violento en cierto sentido,
tal y como se ha expresado en repetidas ocasiones, más bien al contrario esa
saturación de una violencia ficcionada produce una sensación ambivalente de
hastío y temor. Hastío, auto represión, para ejercer actos violentos por los
propios medios y temor a ser objeto de éstos que desemboca en una tensión
que será administrada por los que rigen el monopolio de toda violencia.
En
este terreno de la Violencia Ficción la sociedad occidental encuentra el
perfil de su amenaza en aquellos con los que los administradores del monopolio
entran en confrontación directa, mientras que el alubión de imágenes violentas
cultivan la mansedumbre del ciudadano; "Bienaventurados los mansos, porque
ellos heredarán la tierra..."y mientras eso sucede los amos del monopolio
de la violencia legítima la administran.
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1.- Zizek, S., ¿Quién
dijo Totalitarismo? Cinco intervenciones sobre el (mal)uso de una noción,
Pre Textos, Valencia, 2002, p. 13.
2.- Sirvan como ejemplos la creación
de la figura del "enemigo interior" en la Alemania Nazi o el más reciente
dispositivo denominado "Guerra Fría", construcción ideológica
que siguiendo la argumentación de Chomsky resultó ser una invención
que nunca supuso una amenaza del apocalíptico calibre que se le confería.
3.- Augé, M., La guerra
de los sueños. Ejercicios de etno ficción, Gedisa, Barcelona,
1998, p.141.
4.- Los administradores de la violencia
legitima procuran no mostrar el aspecto físico de la misma e incluso
cuando recurren a la violencia física, por ejemplo la reciente invasión
de Irak por parte de la coalición EEUU RU, elaboran una ficción
para su consumo interno y el de sus aliados donde en virtud del uso de la
tecnología militar casi desmaterializa produce una narración
donde la violencia física es eliminada casi por completo.